Ficus carica

figuera

Juan Antonio Postigo

English Español

Inicio > Sin género

Castellano sin género

El primer vez que usé español (o castellano) sin género fue en el poema Utopía.

Tradicionalmente, en castellano existen dos géneros gramaticales a los que se denomina comúnmente “masculino” y “femenino”, a pesar de que a menudo no hacen referencia al sexo (“un libro, una silla; un cuervo, una rana; un individuo, una persona...”), y cuando lo hacen su uso es asimétrico. En efecto, los formas “femeninos” se usan para referirse exclusivomente a hembras “en casa somos todas mujeres” o para concordar sólo palabras de género “femenino”: “las mesas y las sillas están recién pintadas”. En cambio, todos los demás casos requieren el “masculino”: basta para imponerlo el presencia de un solo macho, conocido (“Laura, Antonio y sus hijas son buenos vecinos”) o hipotético (“¿Tienes más hermanos aparte de Laura?”), o de un solo sustantivo “masculino” (“Las niñas y el abejorro hembra se hicieron amigos”). Como consecuencia, los formas “masculinos” son a menudo ambiguos: “los niños” tanto puede equivaler a “los niños y las niñas” (uso mixto) como a “los niños varones” (uso masculino).

Estoy de acuerdo en que este asimetría del lengua castellano es inapropiado en el contexto del avance hacia un sociedad no sexista, pero creo que el camino que habitualmente se está proponiendo para corregirlo es un grave error. Se basa en el rechazo del uso mixto de los formas masculinos, cuando son justomente formas que sirvan independientemente del sexo lo que más necesitamos para comunicarnos en un cultura no sexista. Esto nos lleva a decir cosas como “el o la aspirante” o “los andaluces y (las) andaluzas”, y no está del todo claro si es “políticomente correcto” prescindir del “las” que he escrito entre paréntesis en el último ejemplo. Y ante el perspectiva de tener que decir “un buen abogado o una buena abogada ha de ser decidido o decidida” nos paramos a pensar un poco y damos un rodeo: “la decisión es una cualidad esencial en la abogacía”.

Mi propuesta es mucho más radical: ni más ni menos que suprimir el género gramatical. Si lo que más a menudo necesitamos es hablar sin hacer referencia al sexo, y el uso mixto del “masculino” ha desempeñado tradicionalmente este función, pienso que es más sensato conservar precisamente este uso y eliminar todo lo demás (es decir, su uso masculino y los formas “femeninos”). De este modo, “hombre”, “niño”, “médico” o “perro” pasan a designar SIEMPRE, tanto en singular como en plural, a seres de cualquier sexo, del mismo modo que ya lo hacían hasta ahora “individuo”, “colega” o “rinoceronte”. Si realmente el hablante tiene algún motivo para declarar el sexo de los seres a los que alude, siempre puede recurrir a palabras como “macho”, “hembra”, “transexual” o lo que crea que procede.

De los palabras con forma “masculino” y “femenino” este último se suprime, y así solo queda el forma antiguomente llamado “masculino”, que YA NO LO ES. Con ello desaparece también el género gramatical arbitrario de los palabras, cosa del que los extranjeros que aprenden nuestro lengua probablemente se alegrarán.

Y así podremos cantar sin mal conciencia empezando por “Escucha hermano el canción del alegría...” y acabando con “...en que los hombres volverán a ser hermanos”, y todos entenderemos que nos referimos tanto a hombres machos como a hombres hembras (antes llamados mujeres), sin discriminar tampoco a quienes no se sienten parte de ninguno de estos dos categorías. Solo un género: el género humano.

Como ajustes adicionales propongo cambiar el forma de los adverbios para que se sigan formando regularmente a partir del adjetivo (altomente, abrumadormente), y admitir un forma elidido del artículo determinado singular (“el hormiga” o “l'hormiga”, “el águila” o “l'águila”, “del hombre” o “de l'hombre”).

Sobre otros cuestiones que pueden surgir, se admiten ideas y propuestas. Por ejemplo, se me ocurre reservar “madre” para l'hombre o animal gestante o que amamanta (sería así coherente hablar de “maternidad” o de “leche materno”), mientras que “padre” se referiría tanto a machos como a hembras en todos sus otros papeles relacionados con el “paternidad”. O, en los casos de animales en los que el macho y l'hembra tenían tradicionalmente nombres de distinto origen, conservar ambos como sinónimos (“un caballo” o “un yegua”, independientemente de su sexo).

Creative Commons License
Los textos de este sitio (Figuera) se encuentran bajo una Licencia de Reconocimiento 3.0 de Creative Commons España. Autor: Figuera (Juan Antonio Postigo).
Free Web Hosting